LOG IN


Como rezar la novena

1) Comienza con la Señal de la Cruz.
2) Se reza la Oración Preparatoria para todos los días.
3) Leer el pasaje de la Escritura correspondiente a cada día de la novena y la Secuencia de Pentecostés.
4) Rezar la Oración Final.

  • Oración Preparatoria de cada día

    Ven, Espíritu Santo,
    Llena los corazones de tus fieles
    y enciende en ellos
    el fuego de tu amor.
    Envía, Señor, tu Espíritu.
    Que renueve la faz de la Tierra.
    Oh Dios, que llenaste los corazones de tus
    fieles con la luz del Espíritu
    Santo; concédenos que,
    guiados por el mismo Espíritu,
    sintamos con rectitud y
    gocemos siempre de tu consuelo.
    Por Jesucristo Nuestro Señor.
    Amén

  • Dia 1

    Ven, Espíritu Creador, 
    visita las almas de tus fieles 
    y llena de la divina gracia los corazones, 
    que Tú mismo creaste.

    Lectura del libro de Joel 3:1-2
    “Después de esto, yo derramaré mi espíritu sobre todo mortal y profetizarán sus hijos y sus hijas, sus ancianos tendrán sueños, sus jóvenes verán visiones. Y hasta sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días”.
      
    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés.  Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de sabiduría. Roguemos al Señor.
    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 2

    Fuente viva, sácianos,
    De nuestros pecados, lávanos.
    Por tu unción, fortalécenos.

    Lectura del libro de Isaiah 44:3–5
    ‘Derramaré agua sobre el suelo sediento,
    raudales sobre la tierra seca;
    derramaré mi espíritu sobre tu descendencia
    y mi bendición cubrirá tus renuevos, y
    Crecerán como la hierba regada,
    como sauces al borde de los ríos.
    Uno dirá: «Yo soy del Señor»
    otro llevará el nombre de Jacob;
    un tercero escribirá en su mano: «Del Señor»,
    y tendrá como apellido el nombre de Israel.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de consejo. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 3

    Tú, a quien llaman
    el gran consolador,
    don del Dios altísimo y Señor

    Lectura del libro de Ezekiel 11:19-20
    Les daré un corazón nuevo y un nuevo espíritu,
    quitándoles el corazón de piedra y poniéndoles un corazón de carne,
    para que caminen conforme a mis leyes, guarden mis mandamientos
    Y los pongan en práctica. Ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de consejo. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 4

    Tú, que plenamente
    nos das desde la mano paternal,
    eres Tú la Promesa
    que el Padre nos dio.

    Lectura del libro de Ezekiel 36:25-29
    Los rociaré con un agua pura y quedarán purificados; los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus inmundos ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré dentro de ustedes un espíritu nuevo: Quitaré de su carne ese corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré de ustedes mi Espíritu y haré que caminen según mis mandamientos, que observen mis leyes y que las pongan en práctica. Vivirán en el país que di a sus padres, ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios. Los libraré de todas sus impurezas. Llamaré al trigo y brotara en abundancia; no les enviaré más el hambre sobre ustedes.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de fortaleza. Roguemos al Seño

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 5

    Los sentidos tendrás
    que iluminar,
    nuestro corazón inflamarás
    y nuestro cuerpo frente
    a toda tentación
    con tu fuerza constante
    ven a reafirmar.

    Lectura del libro de Ezekiel 37:1-14
    La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos. Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y vi que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos. El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?». Yo respondí: «Tú lo sabes, Señor». El me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor. Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán. Pondré nervios en ustedes, haré crecer carne sobre ustedes, los recubriré de piel, les infundiré un espíritu, y vivirán. Así sabrán que yo soy el Señor». Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras profetizaba, se produjo un temblor, y los huesos se juntaron unos con otros. Al mirar, vi que los huesos se cubrían de nervios, que brotaba la carne y se recubrían de piel, pero no había espíritu en ellos. Entonces el Señor me dijo: «Convoca proféticamente al espíritu, profetiza, hijo de hombre, Tú dirás al espíritu: Así habla el Señor: Ven, espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que revivan». Yo profeticé como él me lo había ordenado, y el espíritu penetró en ellos. Así revivieron y se incorporaron sobre sus pies. Era un ejército inmenso. Luego el Señor me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos dicen: «Se han secado nuestros huesos y se ha desvanecido nuestra esperanza. ¡Estamos perdidos!». Por eso, profetiza diciéndoles: Así habla el Señor: Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor. Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo dije y lo hice, palabra del Señor.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de ciencia. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 6

    Por tu consuelo, confórtanos.
    Por tu gracia, guíanos.
    Por tus ángeles, protégenos.

    Lectura del libro de Isaías 11:1-4
    Saldrá una rama del tronco de Jesé
    y un retoño brotará de sus raíces.
    Sobre él reposará el espíritu del Señor:
    espíritu de sabiduría y de inteligencia,
    espíritu de consejo y de fortaleza,
    espíritu de ciencia y de temor del Señor
    –y lo inspirará el temor del Señor–.
    El no juzgará según las apariencias
    ni decidirá por lo que oiga decir:
    juzgará con justicia a los débiles
    y decidirá con rectitud para los pobres de país;

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de piedad. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 7

    Con el dedo de tu gracia, tócanos.
    Vierte en nosotros el torrente de la virtud.
    Fortalécenos con tus dones,
    Y con tus frutos, refrigéranos.

    Lectura del libro de Isaías 61:1-3
    El espíritu del Señor está sobre mí,
    porque el Señor me ha ungido.
    El me envió a llevar la buena noticia a los pobres,
    para sanar los corazones heridos,
    para proclamar la liberación a los cautivos
    y la libertad a los prisioneros,
    para proclamar un año de gracia del Señor,
    un día de venganza para nuestro Dios;
    a consolar a todos los que están
    de duelo a cambiar su ceniza por una corona,
    su ropa de luto por el óleo de la alegría,
    y su abatimiento por un canto de alabanza.
    Ellos serán llamados “Encinas de justicia”.
    Los que el Señor plantó para su gloria.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el Espíritu de temor del Señor. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 8

    Líbranos del maligno enemigo,
    En la última batalla, úngenos,
    A la hora de la muerte, defiéndenos.

    Lectura de la carta a los Romanos 8:11-17
    Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes. Entonces, hermanos, no vivamos según la carne, pues no le debemos nada. Si viven según la carne, necesariamente morirán: más bien den muerte a las obras del cuerpo mediante el espíritu, vivirán. Todos los que guía el Espíritu de Dios son hijos e hijas de Dios. Entonces no vuelvan al miedo; ustedes no recibieron un espíritu de esclavos, sino el espíritu propio de los hijos, que nos permite gritar: ¡Abba!, o sea: ¡Padre! El Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Siendo hijos, son también herederos; la herencia de Dios será nuestra y la compartiremos con Cristo. Y si hemos sufrido con él, estaremos con él también en la Gloria.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros las virtudes de Fe, Esperanza y Amor. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Dia 9

    Entonces llámanos hacia Ti,
    Para que con todos los santos
    Alabemos al Padre, al Hijo y a Ti,
    Consolador piadoso y eterno.
    Amen. Alleluia.

    Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2:1-5
    Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, llegados de todas las naciones que hay bajo el cielo.

    V: Renueva tus maravillas en la Iglesia de nuestra era y en cada uno de nosotros, como si fuera un nuevo Pentecostés. Aumenta en cada uno de nosotros el deseo de recibir todo lo que Tú deseas darnos. Roguemos al Señor.

    R: Te rogamos, óyenos.

  • Oración Final de cada día

    Ven Espíritu Divino,
    renueva tus maravillas en esta nueva era,
    como si fuera un nuevo Pentecostés,
    y concede que tu Iglesia,
    orando perseverantemente e insistentemente
    con un solo corazón y una sola mente junto con María,
    la Madre de Jesús,
    y guiados por Pedro, promueva el reinado del
    Divino Salvador, el reino de justicia,
    de amor y de paz.
    Amen